En reuniones suele darse un momento particular. Se presenta una idea distinta, con historia, intención, algo que podría mover a la gente de su lugar habitual. Hasta que alguien dice:
“Está bien… pero necesitamos algo que venda.”
La frase parece razonable. Nadie invierte para perder dinero. Pero detrás de esa afirmación hay algo más profundo: una sospecha silenciosa de que la creatividad es secundaria, casi decorativa, frente a lo verdaderamente importante, incluso cuando se trabaja con una agencia creativa o una agencia de publicidad.
Y eso no siempre fue así.

Cuando la publicidad sí apostaba por ser diferente
Hubo décadas en las que las marcas no competían por atención fugaz, sino por memoria. En 1971, Coca-Cola lanzó el comercial “Hilltop”, con jóvenes de distintos países cantando “I’d Like to Buy the World a Coke”. No era un anuncio centrado en el producto; era una declaración cultural en un mundo tensionado por conflictos globales. Décadas después, sigue siendo referencia.
En 1984, Apple presentó su icónico comercial del Super Bowl dirigido por Ridley Scott. Apenas mostraba el producto. Construía una narrativa simbólica sobre romper sistemas y pensar diferente. Una pieza que parecía una película distópica y que apenas mostraba el producto. Fue una apuesta arriesgada para la época y terminó marcando un antes y un después en la publicidad tecnológica.
En 1988, Nike lanzó “Just Do It”. No era una campaña sobre tenis deportivos, era un manifiesto sobre actitud y superación. Décadas después sigue vigente.
En los 90, Absolut Vodka convirtió una botella en un universo creativo que atravesó años de cultura visual. No era urgencia. Era construcción de identidad.
Estas marcas entendían algo esencial: la conexión sostenida construye negocio, algo que hoy muchas empresas de publicidad en Bogotá han dejado de priorizar. No estaban obsesionadas con el resultado inmediato de la semana siguiente. Apostaban por permanecer.
¿En qué momento se volvió sospechosa la creatividad?
Hoy el escenario es otro. Las decisiones se toman frente a métricas en tiempo real. Dashboards. Conversiones. Resultados diarios. Cada peso invertido debe justificar su existencia rápidamente.
En ese entorno, lo distinto se percibe como incierto. Lo incierto genera incomodidad. Y la incomodidad es difícil de sostener cuando todo se mide con métricas inmediatas, algo que se ve constantemente en cualquier agencia de publicidad en Bogotá.
La creatividad empezó a verse como algo difícil de explicar en una tabla. Y cuando algo no es fácil de cuantificar a corto plazo, pierde prioridad.
El problema es que cuando todos juegan a lo seguro, todos terminan pareciéndose.

Creatividad vs ventas: una dicotomía falsa
Decir que la creatividad no vende es una simplificación peligrosa. Lo que no vende es la creatividad sin dirección estratégica. Lo que no vende es la ocurrencia vacía. Lo que no vende es la estética sin propósito.
Pero la creatividad bien pensada, alineada con una verdad de marca, con un insight real y con una propuesta clara, no solo vende: diferencia, algo que debería ser el enfoque de cualquier agencia de publicidad creativa.
Y diferenciarse es la única forma de no competir solo por precio.
Cuando una marca renuncia a la creatividad en nombre de la venta inmediata, lo que realmente está haciendo es renunciar a construir algo memorable. Está aceptando ser una opción más.
Una crisis que también es cultural
Vivimos en una sociedad cada vez más desconectada, superficial, más obsesionada con aparentar resultados que con construir significado. Las marcas no están aisladas de esa realidad; la reflejan.
Se prioriza estar presente en redes como si la presencia fuera estrategia. Se confunde publicar con conectar. Se cree que la constancia en volumen reemplaza la profundidad en mensaje.
Además, las reglas implícitas de lo “correcto”, lo “moralmente aceptable”, lo “seguro para la reputación”, han estrechado el margen creativo. Todo debe gustar. Nada debe incomodar. Nada debe polarizar.
Las grandes campañas que recordamos no se diseñaron para sobrevivir un algoritmo durante tres días, ni siquiera dentro de una agencia de publicidad. Se pensaron para construir significado.
La masividad de contenido y la pérdida de valor de lo genuino
Estamos saturados. La masividad de contenido ha generado una desconexión profunda. Vemos tanto que ya no sentimos nada. Consumimos historias como si fueran productos desechables.
En ese contexto, apostar por algo distinto implica más trabajo, más tiempo y más valentía. Es más fácil repetir lo que ya funcionó. Es más cómodo seguir tendencias que construir identidad.
Pero esa comodidad tiene un costo: la irrelevancia.
Tal vez el problema no es la creatividad, sino la paciencia
Quizá no se perdió el valor de lo creativo. Quizá se perdió la paciencia para dejar que lo creativo construya algo real.
Tal vez la cuestión no es si los clientes no quieren creatividad. Tal vez la pregunta es si estamos dispuestos a sostener el tiempo, el riesgo y la incomodidad que implica hacer algo distinto.
La discusión no debería ser creatividad o ventas.
La discusión debería ser qué tipo de ventas queremos construir y cuánto estamos dispuestos a invertir en hacerlas memorables.


